14 septiembre 2007

Cementerio Cerro Castillo, comuna de Río Ibáñez


VII

Los muertos que “habitan” el pequeño cementerio de Villa Cerro Castillo o más precisamente del valle medio del Río Ibáñez, descansan “mirando” hacia el este y el imponente Cerro se alza a sus espaldas. Para nosotros, ellos miran un paisaje deslucido, alejado de la maravilla. Ese paisaje no es el que a tantos extasía: castillo medieval a veces nevado, a veces en toda su abundancia pétrea. No, ellos observan cada mañana la salida del sol, observan la luz en alza durante el día. Observan digo, cómo se alumbra su total oscuridad. Y ninguno de los que aún viven rompe esta tradición en la postura de sus muertos. Quizás por eso este cementerio conserva tanta paz en sus adentros.

La atmósfera de este valle es un paréntesis en la continuidad vertebral de la carretera. Y su cementerio comparte esa atemporalidad geográfica. O más bien esa mixtura de tiempos sobre el paisaje. Profundos cursos de agua a un lado, bosques muertos en un cementerio natural e inundado. Grandes bloques redondeados por hielos que cuesta imaginar en movimiento. Y una comunidad que vive silenciosa y digna entre cerros, criando animales, cortando leña y enterrando a sus muertos con devoción.

Varias veces he detenido la marcha en este lugar. Como si escuchara el rumor de todos los que por aquí han transitado. ¿Es el río, las arboledas meciéndose o definitivamente cientos de voces que murmuran constantemente que por aquí han pasado?

Pero decide uno seguir, a fuerza de otras visitas, de otras imágenes que recoger, de otros muertos con los que conversar en silencio, no sin antes saludarles cualquier tarde, entre chochos de colores furiosos por allí, en algún pueblo de Patagonia.

5 comentarios:

Pamela dijo...

Hay que escuchar a nuestros muertos.

Danka dijo...

Que lindos relatos sobre los cementerios. A mi también me atraen.Hay en esos lugares tanta historia y tanta paz. Un abrazo

Mauricio Osorio Pefaur dijo...

Gracias Danka. Hace una semana fui a Cochrane y tuve que visitar en el cementerio a una persona con la que había hablado hace algunas semanas atrás. Una despedida tardía y la sensación de que su historia quedó ahí, entremedio de la parquedad y de la muerte.

Mauro

Curiosidades Patagonicas dijo...

Pensar que siendo niño muchas veces visite tal necropolis, pero nunca me habia detenido a pensar en los detalles que tan poeticamente describes, solo un favor desde el litoral norte pedire, en tu proxima visita saluda a mis ancestros pioneros de esa latitudes atte claudio chacano montiel http://chakano.blogspot.com/

Mauricio Osorio Pefaur dijo...

Estimado Claudio, gracias por la visita. Llevaré tu saludo próximamente. Debo un viaje a Cerro Castillo.